D iana Ayala ha convertido su pasión por el café en un puente entre continentes. Colombiana de origen y profesional del comercio internacional en Europa, compagina su labor en el Import Promotion Desk con la presidencia del capítulo español de la International Women’s Coffee Alliance (IWCA). Su carrera no solo refleja compromiso con la calidad del café de especialidad, sino también con la equidad de género y la profesionalización del sector.
¿Recuerdas tu primer vínculo consciente con el café? ¿Fue algo cultural, familiar, profesional… o una suma de todo ello?
Ha sido una suma de muchas cosas. Crecí en el Valle del Cauca, caminando por la finca que cada fin de semana visitaba con mis padres y comiendo cerezas de café maduras. Ese dulzor en boca es algo que no se olvida. Mi abuelo materno fue caficultor y, aunque dejó el campo, la pasión por el café permaneció en la familia. Mi vínculo más consciente surgió en 2013 cuando, ya como economista y negociadora internacional, trabajé con una organización del Cauca que representaba a 1.472 familias indígenas y buscaba exportar su café a Europa accediendo a relaciones comerciales más justas. Ahí comprendí que el café no era sólo un producto: era territorio, identidad, oportunidades y también responsabilidad.
Eres colombiana y hoy trabajas desde España. ¿Cómo ha influido tu identidad y tu origen en la forma en que entiendes esta industria?
Tengo la fortuna de haber aprendido del café directamente de quienes lo viven en cada eslabón de la cadena.
He catado cafés extraordinarios, pero también he aprendido sobre pasillas y cafés de segunda, recorriendo cafetales en países como Colombia, Brasil, Etiopía, Ecuador, Perú, India, México o Malasia entre otros.
Luego, trabajar desde Europa me permitió comprender el otro lado de la cadena: el consumo, el tostado, las tendencias y las exigencias del mercado.
Creo que hoy puedo moverme entre distintos “sombreros” de la industria con bastante naturalidad, lo que me ayuda a conectar con productores, tostadores, importadores o baristas desde la empatía y el entendimiento mutuo.

Actualmente compaginas tu presidencia en IWCA España con tu trabajo en el Import Promotion Desk. ¿En qué consiste exactamente tu labor dentro de esta organización y cómo se conecta con el sector del café?
En el Import Promotion Desk trabajo como consultora conectando productores de países como Etiopía, Tanzania, Indonesia, Perú, Ecuador y Colombia con importadores y tostadores europeos, acompañando a las empresas en su profesionalización y preparación para el mercado europeo.
Y hay algo muy especial en este trabajo: hace aproximadamente diez años yo misma fui beneficiaria de este programa de acompañamiento mientras desarrollaba mis primeros proyectos de exportación. Viví de cerca lo importante que puede ser contar con orientación, acceso a mercado y personas que crean en tu potencial cuando estás empezando. Por eso hoy me genera muchísima satisfacción poder aportar desde ambos lados de la experiencia.
A lo largo de tu carrera has trabajado en entornos internacionales donde las dinámicas de poder y género son muy visibles. ¿Cuáles son, en tu opinión, las principales barreras que siguen enfrentando las mujeres en el sector del café?
Desde IWCA siempre decimos que pensamos en global y actuamos en local, estamos presentes en más de 36 países, precisamente porque los retos que enfrentan las mujeres cambian muchísimo entre países productores y consumidores.
En origen, las barreras suelen ser más visibles: acceso limitado a tierra, financiación, educación, tecnología o puestos de liderazgo. Aunque las mujeres participan en gran parte de las labores productivas, muchas veces siguen siendo mano de obra invisible.
En mercados consumidores, las barreras pueden ser más sutiles, pero siguen existiendo: menor representación en espacios de toma de decisiones o dificultad para acceder a ciertos círculos profesionales.
Aun así, también he visto cambios muy esperanzadores en los últimos años. Cada vez más mujeres están heredando tierras, liderando empresas y ocupando espacios que antes parecían inaccesibles.
La International Women’s Coffee Alliance (IWCA) es una red global… ¿Cómo surge la idea de impulsar el capítulo de España? ¿Cuál es hoy la misión concreta de IWCA España?
IWCA España nació desde una necesidad muy real. Tanto Chantal, mi socia cofundadora, como yo sentíamos que hacía falta un espacio donde las mujeres de la industria pudieran encontrarse, apoyarse y crecer juntas.
Había referentes increíbles en España, pero también sentíamos que hacía falta ampliar la conversación y visibilizar más perfiles dentro de la cadena de valor.
La misión de IWCA España es conectar, capacitar y visibilizar a las mujeres dentro de toda la cadena de valor del café, apoyando su crecimiento profesional y fomentando un ecosistema más inclusivo y colaborativo dentro de la industria cafetera española.

¿Cómo puede IWCA España contribuir a estrechar la conexión entre mujeres productoras y el mercado europeo?
Siempre he dicho que ningún proyecto cafetero es verdaderamente sostenible si no existe comercialización. Muchos proyectos liderados por mujeres en origen tienen cafés extraordinarios, pero no siempre logran continuidad porque siguen enfrentando barreras de acceso al mercado.
Ahí es donde creo que IWCA España puede aportar muchísimo valor: ayudando a que la conversación entre oferta y demanda sea más directa y más consciente. Lo hacemos creando espacios donde las conexiones ocurran de forma natural: catas, webinars, networking, mentorías o encuentros entre productoras y profesionales del mercado europeo. Más allá de generar visibilidad, buscamos que existan relaciones reales y sostenibles en el tiempo.
¿Ves diferencias generacionales en la manera en que las mujeres se están incorporando al sector cafetero?
Sí. Las nuevas generaciones llegan con más confianza, formación y visión global. Cada vez hay más mujeres heredando tierras, liderando empresas o formándose en calidad. A nivel comunitario, muchas familias trabajan para que sus hijas no repitan modelos limitantes y cooperativas en países como Perú integran programas de género en sus estrategias. Esto está generando cambios estructurales y expectativas distintas para el futuro.

¿Cómo puede una empresa o persona colaborar de forma efectiva con IWCA España?
Al ser una asociación sin ánimo de lucro, una de las formas más directas de apoyarnos es asociándose y participando activamente en la comunidad. Pero hay muchísimas maneras de colaborar: creando alianzas, participando en actividades, impulsando espacios formativos, ofreciendo mentorías o ayudando a visibilizar el trabajo de mujeres dentro de la industria.
Mujeres y hombres son bienvenidos a unirse, porque al final, el impacto real no se construye de forma individual sino colectivamente y a largo plazo.
”La sostenibilidad no puede construirse únicamente desde la exigencia. Tiene que existir corresponsabilidad, acompañamiento e inversión compartida a lo largo de toda la cadena.
Diana AyalaIWCA Spain
Desde tu experiencia, ¿qué diferencias observas entre el discurso europeo sobre sostenibilidad y la realidad que se vive en países productores?
En Europa hay intención política y normativa hacia la sostenibilidad pero muchas veces ese discurso está desconectado de la realidad operativa del productor. En origen la sostenibilidad no es sólo una certificación: es preguntarse si una familia puede vivir dignamente del café, si tiene acceso a financiación, educación, estabilidad comercial o incluso titularidad de la tierra. Exigir estándares altos sin acompañamiento significa cargar sobre productores que trabajan muchas veces en contextos vulnerables. La sostenibilidad no puede construirse únicamente desde la exigencia. Tiene que existir corresponsabilidad, acompañamiento e inversión compartida a lo largo de toda la cadena.
¿Crees que el consumidor está preparado para entender y valorar mejor el impacto social detrás del café que consume?
Sí, creo que cada vez existe más interés, especialmente dentro del café de especialidad. El consumidor quiere conocer el origen, entender quién produjo el café y saber qué impacto tiene lo que consume.
Uno de mis mentores en Tierradentro, Cauca, hablaba de la “trazabilidad con sentido humano”, y creo que esa idea resume muy bien hacia dónde se dirige la industria: no solo saber de dónde viene el café, sino también comprender las historias y las personas que existen detrás de cada taza.

¿Qué te gustaría que dijeran de tu aportación al sector dentro de unos años?
Más que pensar en cómo quisiera ser recordada dentro del sector, me gustaría que las personas que han compartido este camino conmigo se hayan sentido inspiradas, acompañadas o más seguras de lo que pueden llegar a construir.
Todo esto es apenas una semilla.
Vengo de un país productor y el café me enseñó que las cosas más valiosas requieren tiempo, constancia y cuidado. Mi carrera ha sido posible gracias a personas que confiaron en mí, que me abrieron puertas y me enseñaron generosamente. Hoy siento que parte de mi responsabilidad es devolver un poco de todo eso a la industria y ayudar a que otras mujeres también encuentren su espacio.
Por último, ¿nos puedes recomendar alguna persona, organización o proyecto que esté realizando una labor con impacto social en el sector y que consideres inspiradora para quienes trabajamos con café?
Hay muchísimos proyectos inspiradores liderados por mujeres y hombres dentro de la industria del café. Pero recientemente hay uno que me ha impactado profundamente: el trabajo de Lucía Bawot y su proyecto SANA.
Me parece muy valioso que esté poniendo sobre la mesa una conversación tan necesaria como la salud mental dentro de la industria cafetera. Muchas veces hablamos de sostenibilidad ambiental o económica, pero olvidamos el impacto emocional y humano que existe detrás del trabajo en café.
Y creo sinceramente que es una conversación que necesitamos tanto en países productores como consumidores.



